lunes, 17 de agosto de 2015

LUCES, SEMÁFOROS... ACCIÓN

En medio del infernal tráfico de Lima, los semáforos se han convertido en imaginarias tarimas donde los artistas de la calle aprovechan cada segundo rojo para dibujar sonrisas en el público. A cambio reciben unas monedas pero, ante todo, esperan ser valorados. Veamos.

Alejandro Dumas hijo decía que el arte es una flor de roca que necesita del viento áspero y del terreno rudo, recuerdo mientras observo a tres muchachos hacer malabares en medio del smog y el ruido de motores impacientes, en el cruce de los jirones Washington y Quilca, en el Cercado de Lima. No imagino entonces un escenario más hostil para hacer arte y alcanzo a preguntarles por el secreto para crear armonía en medio del caos.

"El secreto es que amamos lo que hacemos. Somos artistas de la calle y para nosotros los semáforos son pequeños escenarios donde demostramos nuestro talento”, explica William Aguirre (26), quien sostiene algunas de las clavas con las que acaba de ejecutar junto a sus compañeros Mario Soto y Christian Bernaldo (24) un número que ellos llaman secuencia de doble altura.

El rojo obliga a volver a escena. Treinta segundos después, regresan con monedas de 10, 20 y 50 céntimos que recogieron de los choferes y pasajeros que fungen de platea. “Yo siempre espero que me feliciten, no que me den un billetón”, advierte William. Sin embargo, recuerda que una vez recibió 50 soles de una sola persona.

“Hay días buenos en los que, en tres o cuatro horas de trabajo, puedes ganar hasta 70 soles”, añade Mario, quien dejó la universidad para mudarse a las esquinas. “Estar aquí es otra realidad, ves la reacción de la sociedad frente a un artista”, sostiene. El telón se cierra pero se abre una pregunta: ¿Se puede vivir haciendo malabares? “En el Perú todos vivimos haciendo malabares, solo que nosotros lo hacemos en un semáforo”, responden convencidos.
Acrobacia de plaza.
  
Girando sobre sus cabezas, saltando unos sobre otros y diseñando piruetas, Douglas Atarama (23), Juan Rivera (27) y Paolo Noroña (23) trabajan en la Plaza Grau como acróbatas.

“Por ignorancia algunos nos tildan de malandrines, pero nosotros brindamos un trabajo artístico que, cuando a la gente le gusta, lo paga”, resume Paolo, quien llegó desde Iquitos con un grupo de capoeira.

La sonrisa se le va cuando recuerda que a veces no los dejan trabajar. “Nos dicen que está prohibido saltar en los semáforos pero nosotros no vemos esos letreros”, reniega.




Tomado de: http://eltemadelacalle.blogspot.com/2011/06/luces-semaforos-accion.html

- ¿Qué opinión tienes de este arte?

domingo, 16 de agosto de 2015

SANTA ROSA DE LIMA

Estábamos Fresia y yo, viendo una revista donde había una imagen de Santa Rosa de Lima, ya que es un mes de fiesta. Esto fue lo que encontramos en internet.

Santa Rosa de Lima nació el 30 de abril de 1586 en la vecindad del hospital del Espíritu Santo de la ciudad de Lima, entonces capital del virreinato del Perú. Era hija de Gaspar Flores (un arcabucero de la guardia virreinal natural de San Juan de Puerto Rico) y de la limeña María de Oliva, que en el curso de su matrimonio dio a su marido otros doce hijos. Recibió bautismo en la parroquia de San Sebastián de Lima, siendo sus padrinos Hernando de Valdés y María Orozco.

Aunque había sido bautizada como Isabel Flores de Oliva, en la confirmación recibió el nombre de Rosa, apelativo que sus familiares empleaban prácticamente desde su nacimiento por su belleza y por una visión que tuvo su madre, en la que el rostro de la niña se convirtió en una rosa. Santa Rosa asumiría definitivamente tal nombre más tarde, cuando entendió que era "rosa del jardín de Cristo" y adoptó la denominación religiosa de Rosa de Santa María.

El mismo día de su muerte, por la tarde, se efectuó el traslado del cadáver de Santa Rosa al convento grande de los dominicos, llamado de Nuestra Señora del Rosario. Sus exequias fueron imponentes por su resonancia entre la población capitalina. Una abigarrada muchedumbre colmó las calzadas, balcones y azoteas en las nueve cuadras que separaban la calle del Capón (donde se encontraba la residencia de Gonzalo de la Maza) de dicho templo.


Al día siguiente, 25 de agosto, hubo una misa de cuerpo presente oficiada por don Pedro de Valencia, obispo electo de La Paz, y luego se procedió sigilosamente a enterrar los restos de la santa en una sala del convento, sin toque de campanas ni ceremonia alguna, para evitar la aglomeración de fieles y curiosos.


¿Consideras que los peruanos creen en Santa Rosa de Lima?